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miércoles, 19 de octubre de 2011

UN ASESINO LLAMADO CHE GUEVARA



Los defensores mundanos de terroristas y tiranos buscan de cualquier forma justificar sus desmanes, excesos y crímenes. El comunismo internacional, se convirtió en la tiranía más férrea del siglo pasado. Y lo peor es que han tenido la mejor publicidad jamás antes vista, tienen mejor imagen que hasta grandes maestros en la historia, los han convertido en deidades modernas con discursos de libertad e igualdad, que esconden entre tanta palabrería inequidad, inestabilidad y esclavitud.


Todos ellos creyeron que sus acciones por muy violentas que fueran siempre iban a ser necesarias para obtener su logros. Por lo tanto, puede justificarse sin que siquiera les remuerda la conciencia, los ajusticiamientos en masa perpetrados por el judio clandestino de el Che Guevara, Raúl Castro y otros durante los primeros meses de la Revolución Cubana. Si cayeron inocentes, no importa, porque redundo en beneficio del propósito revolucionario.
Al ejercer de abogados del diablo, claro está, mencionan figuras egregias de la historia como Sarmiento, Bolívar y San Martín.


La mención se hace a vuela pluma sin citar fuentes históricas, cifras, circunstancias, ni otros detalles que valgan a la comparación. Pero caen en una trampa porque un crimen es un crimen, sea quien sea quien lo cometa y emplear palabras como "extirpar" para suavizar con un eufemismo, como si se tratara de un grano, el hecho perpetrado, que no es otra cosa que un asesinato, no establece distinciones entre quienes emplean tales métodos de represión y violencia.


Cabe preguntarse que si se justifica que alguien como el Che realice ajusticiamientos en masa sin siquiera mediar un juicio y hasta matando niños indefensos, se puede justificar también los ordenados por Stalin o Mao TseTung, Todos se dedicaron a "extirpar" a quienes calificaban de "traidores" y "enemigos de la patria". (Como si creyeran en la Patria)
Lo que no podemos es justificar a unos y condenar a otros. La tiranía tiene muchas caras pero un solo propósito: la perpetuación del poder. Sean o no positivos para quienes siguen viviendo los resultados de cualquier crimen, no podemos condonarlo ni justificarlo.


La muerte del Che conllevó la clásica moraleja de que el crimen se paga. Al Che lo ajusticiaron con su propia receta. En el caso del Che, la CIA lo quería vivo. El Che vivo era muy valioso. El Che muerto, por el contrario, se convertiría en un mártir valioso para el comunismo internacional.
Pero el Presidente de Bolivia hizo caso omiso a la pataleta de la CIA. Evidentemente, el no estaba a su servicio.


Centenares de "izquierdistas" acuden cada año a rendir tributo al líder mitológico en el poblado de Vallegrande donde lo enterraron hace 30 años.
Los militares bolivianos intentaron organizar merecidamente su propio tributo al centenar de soldados que murió combatiendo a la guerrilla del Che. Pero el sorprendente homenaje a su enemigo, ahora agigantado por el fervor de sus admiradores sobre todo los universitarios, no ha sido prohibido ni obstaculizado.


Lo lamentable es también que en Cuba no se permite que se rinda un humilde homenaje a los inocentes que murieron "extirpados" (algunos a sangre fría por su propia mano) en la ola ciega de fusilamientos que desato el Che Guevara en los presidios de la Fortaleza de La Cabaña.

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