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lunes, 17 de octubre de 2011

SER DISIDENTE

por Juan Pablo Vitali


Ser disidente es llevar una espada de luz a través de los laberintos de la Edad Media.


Ser disidente es sentir la soledad de cada paso cepa, agarrando nuestros corazones.


Ser disidente es optar por las alturas, y también las profundidades .


Ser un disidente está logrando escrituras en nuestra piel.


Ser disidente es que te echen en el acero desnudo de la espada.


Ser disidente es siempre de nuevo a las ciudades perdidas.


Ser un disidente está perdiendo el Sol de la Atlántida y recuperarlo en el hielo de la Sur


Ser disidente es ver la cara de nuestros huesos muertos como un espejo blanco en la oscuridad todos los días.


Ser un disidente es el disenso en los dioses, si son adversas.


Ser un disidente va a ocupar las calles, para dominarlos.


Ser disidente es de mármol, el músculo, la piedra, el fuego, y los senderos de montaña.


Ser un disidente es el último lobo en las cuevas de Europa, el águila en alto el sueño, el rugido de venado en la profundidad del bosque.


Ser disidente es para dormir y despertar dagas brillante a través de los ojos de los hijos de Dresde, Berlín e Hiroshima.


Ser disidente es para acosar a la hora de silencio, con las banderas que se despliegan en el viento se aproxima.


Ser disidente es siempre el último en retirarse, y el primer moverse.


Ser disidente es ser el último hombre de pie si es necesario, con el Sol como testigo y por la llama eterna de nuestra bandera.

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