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martes, 10 de enero de 2012

EXPERIMENTOS CON ANIMALES



Los animales en laboratorio -- es importante reseñar el detalle semántico de animales "de" y no "en" laboratorio, ya que induce a asociarlos con animales especiales, que no podrían vivir de otra manera --, sufren dolor físico y psicológico. El estrés afecta al organismo, alterando pulso, presión sanguínea, actividad inmunológica, balance hormonal y numerosas otras funciones. Miles de pruebas se repiten una y otra vez. Conclusiones obvias y de sentido común son expresadas en el impersonal y aséptico lenguaje científico. Siguen siendo triviales e inútiles. Mutilar, herir, fracturar, quemar, congelar, envenenar, irradiar. Inducir enfermedades, shockear con electricidad, etc. Tortura tanto física como psíquica. La ansiedad, el miedo, la agresividad, la depresión, la angustia que siente el animal no humano, es tan equiparable a la humana que también se lo usa en el campo de la psicología y la psiquiatría, donde se realizan algunos de los experimentos más crueles. Una de las principales inquietudes de los vivisectores es transmitir a la gente la idea de que los animales están bien cuidados, pero los experimentadores están interesados en "cuidar" su objeto de estudio, no por cariño al animal no humano sino porque es la única manera de que resista el experimento y de que puedan obtenerse de perros, caballos, ratones o cualquier otro animal enjaulado y aislado en cuestión, los datos más precisos. Sólo hace halta darse cuenta de que esos experimentos se hacen sobre animales no humanos porque no sería aceptado que se hiciera sobre animales humanos.
Todos los animales, humanos o no, queremos vivir y disfrutar de nuestras vidas en libertad.
La gente no resiste las imágenes de los videos donde se muestran los experimentos "más suaves". Los vivisectores dicen que a los animales no humanos se les da un "trato humanitario" (irónicamente porque no sería admisible para ningún humano).
Pero el animal no humano en el laboratorio es un individuo a quien se priva de su libertad y se daña severamente, a quien se tortura y mata. Los experimentadores, imposibilitados de negar el sufrimiento que provocan, necesitan justificar moralmente los hechos. Para hacerlo, abandonan el campo ético (donde sería difícil una justificación) y pasan a apoyarse en argumentos científicos, principalmente dos : 1º) que la experimentación con animales no humanos ha sido la base del avance de la medicina; 2º) que si bien no quisieran dañar a los demás animales no tienen alternativas, sobre todo en materia de testeo de medicamentos.

A esto responden científicos, médicos y abogados del movimiento de la antivivisección científica, presentando el balance de los últimos cien años en materia de medicina apoyando su postura.

Replican los argumentos de los ejemplos de "avances" desplegados por los vivisectores y presentar las alternativas. Pero los viviseccionistas, que tendrían que sentirse aliviados de poder liberarse de la "necesidad" de torturar en pos de la humanidad, siguen aferrándose a su erróneo, caro, cruel y primitivo modelo experimental. La imagen que presentan al público se parece a las hermosas fotos con que las empresas que crían animales para experimentación publicitan sus folletos. El derecho a no ser torturado está basado en la capacidad para sufrir, y debería ser el derecho más elemental de todo ser sintiente. La elección no es entre animales no humanos y animales humanos sino entre experimentación animal o ciencia. Porque la vivisección no es ciencia. Es un estado de violencia, egoísmo y negación.
Pero, ¿cómo pueden unas personas que no son sádicas pasar su jornada laboral provocando depresión de por vida a unos monos, calentando perros hasta la muerte o volviendo drogadictos a gatos?. ¿Cómo pueden permitir los ciudadanos que sus impuestos se usen para financiar estos experimentos?. ¿Cómo pueden los estudiantes realizar protestas contra la injusticia, la discriminación y la opresión mientras ignoran las crueldades que se cometen en sus propias universidades?. Todo ello es por la aceptación implícita del especismo. Toleramos crueldades contra miembros de otras especies que nos enfurecerían si se hicieran con miembros de la nuestra. El especismo hace que los investigadores consideren a los animales con los que experimentan como una parte más del instrumental, útiles de laboratorio y no como individuos que sienten y sufren. Otro factor es el inmenso respeto que todavía se tiene a los científicos. Aunque la aparición de las armas nucleares y la contaminación ambiental nos ha hecho pensar que la ciencia y la tecnología no son tan beneficiosas como pudiera parecer a primera vista, la mayoría de la gente aún tiende a reverenciar a quien lleve una bata blanca y posea un doctorado.
Los investigadores son seres humanos tan propensos a las mismas influencias como cualquier otro. Les gusta avanzar en la carrera, recibir promociones y que los colegas lean y discutan su trabajo. La publicación de artículos en las revistas adecuadas es un elemento importante en la escalada de las promociones y el prestigio profesional. Esto sucede en todos los campos, pero el único daño que causan los filósofos o los historiadores que publican artículos para mejorar sus perspectivas profesionales es el gasto de papel, o el llegar a aburrir a sus colegas. Aquellos cuyo trabajo incluye la experimentación con animales, sin embargo, causan un gran dolor y sufrimiento prolongado. Su trabajo debería estar sometido a criterios de necesidad mucho más estrictos.
Por otro lado, el principio ético de misma consideración de intereses descarta algunos medios para la obtención del conocimiento. Hoy en día estamos aceptando muchas restricciones a la empresa científica, ya que no creemos que nuestros científicos tengan un derecho general a realizar experimentos dolorosos o letales con seres humanos sin su consentimiento, aunque existan muchos casos en los que tales experimentos avanzarían el conocimiento mucho más rápidamente que cualquier otro método. Ahora necesitamos ampliar el alcance de la restricción para la experimentación con los animales no humanos.
Gran parte de los principales problemas de salud en el mundo continúan existiendo no porque no sepamos cómo prevenir las enfermedades y mantener sanas a las personas, sino porque nadie invierte el suficiente esfuerzo y dinero para poner en práctica el conocimiento que ya poseemos. Una vez que una cierta modalidad de experimentación con animales se convierte en la forma aceptada de investigación en un campo concreto, el proceso es autoconfirmante y difícil de interrumpir. No sólo las publicaciones y las promociones, sino también los premios y las subvenciones que financian la investigación, se quedan engranados en los experimentos con animales. Los nuevos métodos que no utilizan animales les serán menos familiares y por tanto menos propicios para recibir apoyo.
Los medios de comunicación se hacen eco de nuevos avances médicos que prometen salvarnos de todo tipo de enfermedades y sufrimientos. Pero el triunfalismo en medicina es sospechoso y perjudicial, pues despierta expectativas que rápidamente se ven frustradas generando -al final- desconfianza y escepticismo en la población (muchas de esas noticias acaban del mismo modol: "se ha probado sólo en animales"). En su afán de informar y educar en temas de salud a la población, dichos medios suelen caer víctimas de la manipulación de empresas farmacéuticas o de biotecnología, o de equipos de investigación que buscan protagonismo y prestigio (que se traduce en becas y subvenciones).
La salud mueve mucho dinero y para algunos es sólo un negocio. Los recursos económicos son siempre limitados, y lo que se asigna a una actividad se está quitando de otra. Por ello para diseñar políticas sanitarias los legisladores (políticos) se ven obligados a establecer prioridades. Para que estas políticas sean socialmente justas deberían anteponer los intereses públicos a los privados, los humanos y sociales a los económicos, y los éticos a los meramente científicos.
Por otro lado, la experimentación con animales -se apresuran a recordar sus defensores- también sirve para diseñar tecnologías biomédicas que luego se aplican para beneficio de las personas. Esto es cierto, pero estas tecnologías (biotecnología: ingeniería genética, clonación, etc.), además de nacer con el lastre ético del sufrimiento producido a millones de animales, pueden ser mal utilizadas (por ejemplo la clonación de humanos representa una perjuicio mas que un beneficio), tienen efectos colaterales e indeseables que no conviene despreciar (transmisión de enfermedades del animal al humano, amenaza de la biodiversidad, etc.), y su campo de aplicación es en ocasiones tan minoritario que lleva a cuestionar su pertinencia (relación coste-beneficio). El avance de la ciencia no es un fin en sí mismo. Sería muy bueno que se hiciese compatible el bienestar de las personas con el de los animales y con la defensa del medio ambiente, y que el desarrollo de la biotecnología se sincronice con el de la bioética.
Actualmente, nuestros conocimientos nos exigen reeducar nuestra mente y actitud frente a la Ciencia, para hacerla más fiable y válida (para nuestro beneficio y el de los animales no humanos). Por ello, no tiene sentido el tan utilizado chantaje emocional, pidiéndonos que elijamos entre nuestro perro y nuestro hijo, ya que de lo que se trata es de elegir entre buena y mala ciencia.
¿Por qué el sufrimiento de criaturas de especies distintas de la nuestra, se debería considerar de menor valor simplemente porque esas criaturas no son de nuestra especie?. La condena moral de la crueldad hacia los animales es parte esencial de nuestra moralidad diaria, una moralidad de sentido común. La crueldad hacia los animales se considera deshonorable, cruel y como expresión de un mal o un carácter moral primitivo. Hay una tendencia hacia un fuerte especismo que considera que los intereses humanos de cualquier tipo son siempre superiores a los intereses de los animales, pero ¡el humanismo termina donde otras especies empiezan!.
Así, cada vez son más las voces que se alzan contra estas prácticas, cuyos resultados son inciertos, confusos o desafortunados. Las atrocidades son de tal calibre que generalmente se mantienen ocultas a la opinión publica para evitar movimientos de protesta. Por otro lado, cada vez más científicos se han dado cuenta de que la experimentación con animales a menudo frena el avance de nuestra comprensión de las enfermedades de los humanos y su tratamiento. Por ejemplo, las pruebas con animales pueden dejar sin identificar algunos productos químicos que causan cáncer a las personas. En casos como en SIDA se encontrará una cura más deprisa si la experimentación se hace directamente sobre humanos voluntarios (y no hay escasez de voluntarios), ya que ¿porqué han de estar muriéndose personas por una enfermedad invariablemente fatal mientras se prueba una posible cura en animales que no suelen desarrollar SIDA?.
No sólo los seres humanos, sino en general los animales somos seres con la capacidad de experimentar sufrimiento o bienestar, con un semejante sistema nervioso, con intereses propios. Es por esto por lo que cada uno de nosotros debe disfrutar de una serie de derechos fundamentales: a la vida, a la libertad, a no ser maltratado... Si hablamos de sufrimiento, la cuestión no es si podemos hablar, ni siquiera si podemos razonar, sino si podemos sufrir. Y es así como los derechos de los animales deben ser tomados verdaderamente en serio, no siendo reducibles a una tímida preocupación por su bienestar. Lo cual comienza por abandonar su concepción como objetos a nuestra disposición para ser utilizados.
El especismo descansa fundamentalmente en la creencia de que la superioridad de las posibilidades intelectuales humanas justificarían utilizar al resto de los animales como meros objetos y para cualquier fin. Pero lo cierto es que muchos seres humanos (discapacitados mentales, enfermos de Alzheimer y un largo etc.) carecen de tales capacidades (incluso llegando a manifestar muchos animales no humanos aptitudes iguales o mayores). Es más, aunque cambiemos de criterio de exclusión, no va a existir característica alguna que nos sitúe a cada uno de los seres humanos por encima del resto de los animales. Ya sea el lenguaje, la autoconciencia... siempre habrá algún humano privado de ella. Existen muchos seres humanos con lesiones cerebrales graves desde su nacimientos, encerrados en instituciones especiales. A pesar de sus deficiencias mentales, su anatomía y fisiología son idénticas en casi todos los aspectos a las de los seres humanos normales. Si, por tanto, les forzáramos a ingerir grandes cantidades de barniz para el suelo o les echáramos soluciones concentradas de cosméticos en los ojos, tendríamos una indicación mucho más positiva de la seguridad de éstos productos de la que la tenemos ahora tratando de extrapolar los resultados de los tests aplicándolos a individuos de otras especies distintas.

No se puede pensar que alguien pudiera proponer seriamente realizar los experimentos descritos en apartados anteriores con humanos con lesiones cerebrales, pero si el experimentador aduce que el experimento es lo bastante importante como para justificar que se cause sufrimiento a los animales, ¿porqué no lo es para humanos con el mismo nivel mental?, ¿cuál es la diferencia entre ambos?, ¿solamente que uno es miembro de nuestra especie y el otro no?. Pero apelar a esta diferencia es basarse en un prejuicio no más defendible que el racismo o cualquier otra forma de discriminación arbitraria. De modo que tales criterios no pueden ser válidos, de basarnos en ellos justificaríamos también el maltrato y la explotación de estas personas, algo totalmente intolerable.
Así, la capacidad que nos haga a los seres humanos merecedores de atención moral y legal, solo podría ser, por lo tanto, la de poder sufrir y disfrutar, que también tienen los animales. Y lo que resulta claro es que, si existe algo a lo que podamos llamar ética, no puede haber criterio alguno que autorice un trato distinto a individuos dotados de las mismas capacidades. De esta suerte, no podrá resultar aceptable ninguna práctica humana que agreda a otros animales de un modo que no permitiríamos si, en lugar de ellos, los afectados fuesen seres humanos igualmente dotados. Hay quien ha afirmado que poner de relieve esta cuestión supone un insulto a todos estos seres humanos privados de las características curiosamente propuestas por ellos mismos como moralmente relevantes.

En realidad, son ellos, los defensores del especismo, quienes están ultrajando, y muy gravemente, a éstos, al defender un criterio que los relega al rango de meros objetos. Quien discrimina por razón de la racionalidad a otro animal, lo hace también al ser humano menos inteligente. La única actitud coherente es la de respeto por unos y otros. De este modo, la defensa del especismo resulta incompatible no sólo con los derechos de los animales, sino de los propios derechos humanos. Hay una zona gris en la que es muy difícil decidir si un experimento se podría justificar, pero nos encontramos en una situación de emergencia en la que se está causando un sufrimiento horroroso a millones de animales con fines que, desde cualquier punto de vista imparcial, son obviamente inadecuados para justificar ese sufrimiento.

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