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viernes, 3 de febrero de 2012




EL GENOCIDIO DE LOS JEMERES ROJOS EN CAMBOYA


A finales de los años 70, los medios de comunicación describían Camboya como el infierno en la tierra.
Efectivamente, entre 1975 y 1979, el país, que entonces adoptó el nombre de República Democrática de Kampuchea se convirtió en un territorio en el que la población era condenada en masa a realizar trabajos forzosos, a ser torturados y asesinados en nombre del “hombre nuevo” concebido de la locura genocida del Primer ministro Saloth Sar, más conocido como Pol Pot.
El régimen inició la llamada “purificación” de la sociedad camboyana del capitalismo, la cultura occidental y, la religión y cualquier influencia extranjera.
Creo un estado agrario e impulso el completo aislamiento del país. Todos los extranjeros fueron expulsados, se abolió la moneda, las escuelas y cualquier infraestructura urbana. Además se sembró el país con miles de minas terrestres, que Pol Pot consideraba sus “soldados perfectos”.
En 1978, inició una campaña para descubrir lo que el llamaba “enemigo oculto”. El resultado fue la ejecución de un número indeterminado de personas.
No se sabe con certeza el número de muertes que causó el régimen de Pol Pot, en su obra Raza, poder y genocidio en la época de los Jémeres Rojos, 1975-79, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Yale, Benedict F. Kiernan, asegura que entre abril de 1975 y enero de 1979 fueron eliminadas 1,67 millones de personas de una población total de 7,89 millones, esto es el 21% de los habitantes. En proporción se trata de la mayor matanza desata por un gobierno contra su gente.
El horror alcanzaba a cualquier sospechoso de haber mantenido relaciones con los gobiernos anteriores o extranjeros, a camboyanos, de origen vietnamita, profesionales y, en general a cualquier persona que pareciera intelectual, por ejemplo, a quienes llevaban gafas. También a los cristianos y monjes budistas fueron asesinados en masa en los “campos de la muerte”. Además, la familia era considerada una forma de resistencia que debía ser eliminada.
La represión fue muy fuerte en las ciudades. En Phon Penh, por ejemplo la población se redujo de 2 millones a 25000 en solo 3 días.
Cuando alguien recibía más de dos avisos del Gobierno, era enviado a “reeducación”, deportado a algún lugar remoto del país o directamente asesinado. Eso sí, una de las consignas de los Jemeres Rojos era que no se podían desperdiciar balas, así que los presos solían ser ejecutados a golpes.
Con el fin de juzgar los crímenes de los jemeres rojos y después de una larga historia de discusiones, por fin el Estado del Reino de Camboya y la ONU llegaron a un acuerdo en la conformación de una corte mixta integrada por Camboya y la ONU. En la actualidad Pol Pot y muchos de los altos dirigentes del régimen de los jemeres rojos están muertos, pero algunos de ellos todavía viven y pueden ser llevados a un juicio: Ta Mok, el segundo al mando después de Pol Pot, Deuch, director del Tuol Slang (en prisión), Nuon Chea, lugarteniente de Pol Pot (libre), Ien Sary, el tercero después de Pol Pot (libre) y Khieu Sam-pan, ex-jefe de estado (libre).

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